Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault Como ya vimos más arriba, hay otro Riquete, contemporáneo al de Perrault: el de Catherine Bernard, publicado un año antes que los Cuentos de antaño y con el mismo tÃtulo, si bien dentro de Inés de Córdoba, novela española. La coincidencia temática y cronológica obliga a preguntarse quién depende de quién. Pero el análisis de ambos cuentos impone una conclusión: pese a las semejanzas que los unen —el nombre, los seres subterráneos (detalle este que no carece de importancia, pues en Perrault aparece de pasada y no muy claro, casi artificialmente), el don de la inteligencia—, una gran diferencia los separa: el Riquete de la Bernard no es propiamente un cuento, sino una alegorÃa, una especie de parábola filosófica, en que intenta demostrar que el amor es una fuerza tan «natural» como para el árbol «dar hojas en el mes de mayo» —y por tanto invencible—, y a la vez una ilusión tal, que puede llegar un momento en que no se lo distinga del odio o la indiferencia. Por el contrario, el de Perrault es un verdadero cuento, en el que el tema del amor aparece más explÃcito: no hay dilema, no hay engaño ni venganza, el final es feliz… Y con todo, la postura de Perrault aparece tan ambigua e irónica como siempre: ¿Qué piensa él del amor? Cuando leemos al final de su cuento lo que «algunos» piensan acerca de la «metamorfosis» obrada, nos parece estar leyendo al mismo Lucrecio (cf. De la naturaleza de las cosas, IV,1149-1170). Siempre la misma ironÃa, la misma burla fina de Perrault.