Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault De los Cuentos de antaño se ha dicho todo lo imaginable. Ha habido interpretaciones para todos los gustos, y desde las más diversas ciencias se ha intentado aproximarse a ellos. Los personajes, la caperuza roja, las botas de siete leguas, los cuchillos, las piedrecitas de Pulgarcito, el sueño de la bella, la ogresa, el color de la barba, el zapato de cristal… todo ha sido objeto de estudio y fuente de las más variadas conclusiones. Para unos, los cuentos son «un dialecto de la mitologÃa»; otros ven en sus personajes encarnaciones de fenómenos naturales, y asÃ, el marqués de Carabás saliendo del agua serÃa un sÃmbolo de la salida del sol; las piedrecitas de Pulgarcito, la VÃa Láctea, etc.; para otros serÃan reminiscencias de los viejos mitos primitivos de iniciación y estacionales; otros prefieren interpretaciones alegóricas, etnológicas, cÃclicas, ocultistas, alquÃmicas, herméticas, cabalÃsticas y, finalmente, psicológicas y psicoanalÃticas, con toda la multiplicidad de sÃmbolos sexuales que se quiera. Si Perrault levantara la cabeza, probablemente tomarÃa parte con gusto en aquel ocurrente diálogo de Fontenelle, cuando Esopo, charlando con Homero, le pregunta si es verdad —como aseguran los eruditos— que escondió en sus poemas «los secretos de la teologÃa, de la fÃsica, de la moral, e incluso de las matemáticas», en una palabra, si es verdad que «todo lo supo y todo lo dijo para el que sepa entenderlo», a lo que el bueno de Homero responde: «¡Ay, en absoluto! Ni siquiera me pasó por la imaginación» (Diálogos de los muertos, 5).