Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault A la Señorita**[8]
Al ofreceros, joven y prudente
beldad, este eminente
modelo de paciencia,
jamás me he alabado
de que en todo por vos fuera imitado,
porque creo en conciencia
que serÃa pediros demasiado.
Mas ParÃs, donde el hombre es distinguido
y donde el bello sexo, que ha nacido
justo para agradar,
halla su más cumplido bienestar,
está por todas partes tan henchido
de ejemplos que le da el vicio contrario,
que no puede estar siempre protegido
con el contraveneno necesario,
para de su influencia preservarse
o para liberarse.
Una dama que sea tan paciente
como esta de que ensalzo la valÃa
serÃa en todas partes sorprendente,
pero en ParÃs hoy dÃa
un milagro serÃa realmente.
La mujer es aquà la soberana,
y todo aquÃ, obviamente,
se regula como le da la gana;
en fin, es un ambiente
