Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault de la que puse, en mi perturbación,
para abrumarla a fuerza de disgustos;
y si han de perdurar en la memoria
de la futura historia
los tormentos con los que derribado
no pudo ser su corazón probado,
quiero que se hable aún más de la gloria
con que habré su virtud yo coronado».
Cual cuando densa nube violenta
el día ha oscurecido,
y el cielo, totalmente ennegrecido,
amenaza con hórrida tormenta;
si, saliendo de entre ese oscuro velo
abierto por los vientos en el cielo,
un rayo fulgurante
de luz baña el paisaje circundante,
todo ríe y recobra su belleza;
así, en todos los ojos donde había
reinado la tristeza,
de pronto estalla vívida alegría.
Ante esta aclaración inesperada,
la joven princesita complacida
de conocer que el príncipe la vida
le dio, a sus pies se arroja emocionada
y abraza sus rodillas vehemente.
Al ver el gesto ardiente
de aquella única hija tan querida,