Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault enternecido, el padre
la levanta en seguida,
la besa y la conduce hasta su madre,
a quien tanto placer en un momento
casi privaba del conocimiento.
Su corazón, que en tantas ocasiones,
por los más duros golpes acosado
de las tribulaciones,
con tal valor había soportado
el sufrimiento, ahora sucumbía
al peso más sutil de la alegría;
a duras penas estrechar lograba
a la hija adorable
que le devuelve el cielo favorable,
y a contener el llanto no acertaba.
«Ya tendréis —dícele el príncipe, afable—
más adelante tiempo suficiente
para satisfacer cumplidamente
de la sangre las lógicas ternuras;
volveos a poner las vestiduras
que requiere vuestra categoría:
tenemos que ir de boda todavía».
Condujeron, radiantes,
al templo a los dos jóvenes amantes,
en donde prometieron mutuamente
quererse tiernamente,