Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault A la señora Marquesa de L***[39]
Hay gente cuyo espíritu estirado,
bajo su nunca desfruncida frente,
no soporta, ni estima, ni consiente
más que lo que es pomposo y elevado;
en cuanto a mí, me atrevo a sostener
que hay veces, en efecto,
que al espíritu incluso más selecto
pueden gustarle sin enrojecer
hasta las Marionetas[40];
y que hay lugares, tiempos y facetas
en que la gravedad y lo cetrino
no valen un pepino.
¿Por qué va a ser entonces sorprendente
que la razón más cuerda y más prudente,
con frecuencia de vigilar cansada,
mecida agudamente
por cuentos de ogro[41] y hada,
halle gusto en dar una cabezada?
Sin temer que me tache, pues, la gente
de emplear mal mi tiempo de recreo,
voy a contaros inmediatamente,
según vuestro legítimo deseo,
la historia de Piel de Asno largamente.