Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault Era una vez un pobre leñador,
tan harto de la vida que llevaba
de miseria y dolor,
que —decÃa— tan solo deseaba
perder de vista el monte
e irse a reposar al Aqueronte[76]:
porque veÃa, en su dolor profundo,
que desde que se hallaba en este mundo
nunca jamás el cielo empedernido
ni un deseo le habÃa concedido.
Un dÃa en que en el bosque se quejaba,
mientras se lamentaba,
Júpiter[77], rayo en mano, apareció.
Mal podrÃa pintar todo el canguelo
que al buen hombre le entró.
«¡No quiero nada! —el pobre hombre exclamó
arrojándose al suelo—.
Ni deseos ni truenos, no haya tal:
vamos a hablar, Señor, de igual a igual».
Júpiter respondió: «No tiembles tanto;
vengo, compadecido de tu llanto,
pues quiero demostrarte
que, con tanto quejarte,
me estás perjudicando sin objeto.
Ahora escúchame. Yo te prometo
(y hacerlo está en mi mano,
pues soy del mundo dueño soberano)