Los cuentos de mama Oca
Los cuentos de mama Oca —Tranquilizaros rey y reina; vuestra hija no morirá de la herida. Verdad es que no tengo bastante poder para deshacer del todo lo que ha hecho mi compañera. La princesa se herirá la mano con un huso, pero, en vez de morir, sólo caerá en un tan profundo sueño que durará cien años, al cabo de los cuales vendrá a despertarla el hijo de un rey.
Deseoso el monarca de evitar la desgracia anunciada por la vieja, mandó publicar acto continuo un edicto prohibiendo hilar con huso, asà como guardarlos en las casas, bajo pena de la vida.
Transcurrieron quince o diez y seis años, y cierto dÃa el rey y la reina fueron a una de sus posesiones de recreo; y sucedió que corriendo por el castillo la joven princesa, subió de cuarto en cuarto hasta lo alto de una torre y se encontró en un pequeño desván en donde habÃa una vieja que estaba ocupada en hilar su rueca, pues no habÃa oÃdo hablar de la prohibición del rey de hilar con huso.
—¿Qué hacéis, buena mujer?, —le preguntó la princesa.
—Estoy hilando, hermosa niña, —le contestó la vieja, quien no conocÃa a la que la interrogaba.
—¡Qué curioso es lo que estáis haciendo!, —exclamó la princesa—. ¿Cómo manejáis esto? Dádmelo, que quiero ver si sé hacer lo que vos.
