La educacion del estoico
La educacion del estoico No hay mayor tragedia que tener la misma intensidad, en una misma alma o en un hombre, del sentimiento intelectual y del sentimiento moral. Para que un hombre pueda ser distintiva y absolutamente moral, tiene que ser un poco estúpido. Para que un hombre pueda ser absolutamente intelectual, tiene que ser un poco inmoral. No sé qué juego o ironía de las cosas condena al hombre a la imposibilidad de que se dé esta dualidad tan grande. A mi pesar, ésta se da en mí. No fue el exceso de una cualidad, sino el exceso de dos, lo que me mató en vida[11].
Siempre que en cualquier situación tuve un rival o la posibilidad de tener un rival, enseguida renuncié sin vacilar. Es una de las pocas cosas en la vida de las que nunca dudé. Mi orgullo nunca soportó que compitiera con otros, con el pavoroso añadido de la posibilidad de la derrota. Tampoco pude participar nunca en juegos de competición. Siempre perdía con rencor y despecho. ¿Por considerarme superior a todos? No, nunca me consideré superior en el ajedrez ni en el whist. Por simple orgullo, un orgullo desbordante y sanguinario, que ningún esfuerzo desesperado de mi inteligencia puede contener ni apaciguar. Siempre me aparté del mundo y de la vida, y el embate de cualquiera de sus elementos siempre me hirió como un insulto a media voz, la rebelión súbita de un lacayo universal.