La educacion del estoico
La educacion del estoico Lo que realmente me indignaba de mí mismo en esos momentos de dolorosa duda, en que yo ya sabía desde mucho antes que no habría solución ninguna, era la intromisión del factor social en el juego desequilibrado de mis decisiones. Nunca pude dominar el influjo de lo hereditario y de la educación infantil. Siempre pude rechazar los conceptos estériles de nobleza y de posición social; nunca los pude olvidar. Son en mí como una cobardía que detesto, contra la que me rebelo, pero que me ata con lazos extraños[12] a la inteligencia y a la voluntad. Tuve un día la ocasión de casarme, acaso de ser feliz, con una muchacha muy sencilla, pero entre ella y yo se interpusieron en la indecisión de mi alma catorce generaciones de barones, la visión del pueblo riéndose de mi boda, el sarcasmo de los amigos que nunca fueron íntimos, un desaliento hecho de nimiedades, pero de tantas nimiedades, que me pesaba como si hubiera cometido un crimen. Y así fue cómo yo, hombre de inteligencia y desprendimiento, perdí la felicidad por causa de los vecinos a los que desprecio.