La educacion del estoico
La educacion del estoico Sin embargo, mi orgullo nunca soportó que yo me permitiera menos de lo que mi inteligencia podría hacer. Nunca pude consentirme el término medio, poner en la obra nada menos que toda mi personalidad y todo mi deseo[75]. Si yo hubiera reconocido en mi inteligencia una incapacidad para la obra sintética, habría contenido mi orgullo y lo habría reconocido como locura. Pero la deficiencia nunca estuvo en mi inteligencia, que siempre ha sido capaz de grandes síntesis y de poderosas sistematizaciones. Mi mal estaba en la tibieza de mi voluntad ante el esfuerzo pavoroso que implicaban esas enterezas[76].
Tal vez, con este criterio, ninguna obra se habría escrito nunca en el mundo. Lo reconozco; reconozco que, si todas las grandes mentes tuvieran la grandeza escrupulosa de querer escribir sólo algo perfecto o, sin sostener ya una tesis imposible, algo enteramente conforme con el total de su individualidad, habrían renunciado como yo renuncio.