La educacion del estoico
La educacion del estoico Llorar ante el mundo —y cuanto más bello es el llanto, más vasto se le hace el mundo y más pública la vergüenza—, he aquà el último acto indigno que puede practicar sobre su vida Ãntima un hombre vencido que no conserva la espada para el último deber del soldado. Todos somos soldados en este regimiento instintivo de la vida; tenemos que vivir con la ley de la razón o con ninguna ley. El placer es para los perros, la queja para las mujeres; el hombre solamente tiene como algo suyo[78] y propio el honor o[79] el silencio. Sentà esto más que nunca en las llamas de la chimenea en la que acabé para siempre con mis escritos.
Hay algo de sórdido, y tanto más sórdido cuanto que es ridÃculo, en la costumbre que tienen los débiles de erigir en tragedias del universo tristes comedias de sus propias tragedias.