La educacion del estoico
La educacion del estoico ¿Cómo voy a enfrentarme con seriedad y tristeza al ateísmo de Leopardi, si sé que ese ateísmo se curaría con la cópula? ¿Cómo voy a respetar de buen grado y con comprensión la quimera, la tristeza, la desolación de Antero, si reconozco que todo ello corresponde al desaliento del alma que no tuvo un complemento real, psíquico o físico, poco importa? ¿Cómo va a impresionarme el pesimismo de Vigny contra la mujer, la declamación admirable y excesiva de la «Colère de Samson[80]», si en el propio exceso de la composición el «peu ou mal aimé et en souffrant cruellement», como lo llamó Faguet, se proyecta solemnemente lo que el pueblo llama sin solemnidad el «dolor del cornudo»?