La educacion del estoico
La educacion del estoico Aun asÃ, si estos poetas hubieran cantado directamente sus males inferiores —porque inferiores son, sea cual sea el uso poético que se les haya dado—, si hubieran desnudado sus almas —pero al desnudo de desnudez y no de maillot con rellenos—, la propia violencia de la causa del dolor podrÃa arrancarles gritos dignos, en cierto modo, y asÃ, al no ocultarse, acabarÃan con el ridÃculo social que, con justicia o sin ella, pesa sobre ese tipo de pobrezas de la emoción común. Si un hombre es cobarde puede no hablar de ello —que es lo mejor—, o bien decir «soy cobarde», con la palabra propia y brutal. En un caso tiene la ventaja de la dignidad, en el otro la de la sinceridad; en ambos casos se librará de lo cómico: pues en un caso no ha dicho nada y, por tanto, nada hay de risible, y en el otro no hay nada que descubrir, porque él mismo lo ha revelado. Pero el cobarde que cree que necesita demostrar que no lo es, o decir que la cobardÃa es universal, o confesar su debilidad de un modo confuso y figurado, que nada revela, pero nada vela, es ridÃculo en general e irritante para la inteligencia. Sobre esta clase concibo a los poetas pesimistas y a todos aquéllos que erigen en universales los males particulares que los afligen.