Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Para cualquier espíritu científicamente constituido, ver en una cosa más de lo que puede verse es ver menos la cosa en sí. Lo que materialmente crece, espiritualmente disminuye.
Atribuyo a este estado del alma mi repugnancia por los museos. Un museo para mí es como la vida entera, donde la pintura es siempre exacta, y sólo puede haber inexactitud en la imperfección del contemplador. Pero yo trato de disminuir esa imperfección y, si no me es posible, me contento con que así sea, pues como en todo, nada puede ser sino como es.
¡No haber sido la Madame del harén! ¡Qué pena siento de mí por no haber sido eso!
Al final de este día queda lo que quedó de ayer y lo que quedará de mañana: el anhelo insaciable e infinito de ser siempre el mismo y el otro.
Por escalones de sueños y cansancios míos desciende de tu irrealidad, desciende y ven a sustituir el mundo.
Ya que no podemos arrancar belleza de la vida, busquemos al menos belleza del no poder arrancar belleza de la vida. De nuestro fracaso hagamos una victoria, una cosa positiva y alzada sobre columnas, majestad y consentimiento espiritual.