Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Antes de nacer, ya perdà mi castillo antiguo. Antes de que yo llegase fueron vendidas las tapicerÃas [d]e mi palacio ancestral. El solar de mis ancestros ha sido presa de la ruina y sólo en ciertos momentos, cuando el reflejo de la luna nace en mà sobre los juncos del rÃo, me enfrÃa la nostalgia donde el resto desdentado de las paredes se recorta, negro, sobre el azul oscuro del cielo, emblanquecido por un amarillo lechoso.
Me distingo de las efigies. Del regazo de la reina que me habla, cae, como en un episodio de inútil bordado, la madeja olvidada de mi alma. Rueda bajo la alacena y existe algo en mà que la sigue con la vista hasta que se pierde en un gran horror de tumba y de fin.
… y los crisantemos dormitan su vida relajada en jardines penumbrosos por tenerlos.
… la lujuria japonesa de tener evidentemente dos solas dimensiones.
… la existencia colorida sobre sucias transparencias de las figurillas japonesas estampadas sobre las tazas.
… una mesa puesta para un discreto té —mero pretexto para una conversación estéril por completo— ha tenido siempre para mà algo de ente e individualidad con alma. Forma, como un organismo, ¡un todo sintético!, no siendo la pura suma de todas las partes que lo componen.