Libro del desasosiego
Libro del desasosiego «¿Qué es lo que tienes tú —me dijo— que te una a la vida? El amor no te busca, la gloria no te persigue, el poder no viene a tu encuentro. La casa que heredaste ya estaba en ruinas. A las tierras que recibiste, las heladas quemaron sus retoños y el sol ardiente quemó sus promesas. Siempre has visto seco, el pozo de tu huerta. Se pudrieron, antes de que pudieras verlas, las hojas en tus estanques. Los hierbajos cubrÃan las anchas aceras y las alamedas, por donde tus pies nunca pasaron».
«Mas en mi dominio, donde sólo la noche reina, hallarás consuelo, puesto que no tendrás esperanza; tendrás el olvido pues no hallarás el deseo; encontrarás reposo, porque no tendrás vida».
Y me enseñó que la esperanza de dÃas mejores es estéril, si no espera el alma que los mejores dÃas lleguen también. Me enseñó también que el sueño no consuela, pues la vida duele más al despertar. Me enseñó que el sueño no descansa porque lo habitan fantasmas, sombras de las cosas, trazos gestuales, embriones muertos del deseo, despojos del naufragio de vivir.
Y diciendo esto doblaba, más despacio que nunca, sus alfombras tentadoras para mis ojos, sus sedas que mi alma codiciaba, los damascos de sus retablos donde mis lágrimas caÃan.