Libro del desasosiego
Libro del desasosiego ¡Con qué nostalgia de la idea que quise forjarme de usted me di cuenta de que estaba casada! El dÃa que me di cuenta de eso fue trágico en mi vida. No tuve celos de su marido. Nunca pensé que lo tuviera. Sólo tuve nostalgia de mi idea de usted. Si un dÃa supiese este absurdo —que una mujer en un cuadro —sÃ, esa— estaba casada—, el mismo serÃa mi dolor.
¿Poseerla? No sé cómo se hace eso. Y si tuviera en mà la mancha humana de saberlo, qué infame serÃa para mà mismo, ¡qué insultante agente de mi propia grandeza, al pensar siquiera en igualarme a su marido!
¿Poseerla? Un dÃa que tal vez pase por una calle oscura, un asaltante podrá sojuzgarla y poseerla, puede incluso fecundarla y dejar tras de sà ese rastro uterino. Si poseerla es poseer su cuerpo ¿qué valor puede haber en ello?
¿No le posee el alma? ¿Cómo se posee un alma? ¿Y podrÃa existir un experto amante que pudiera poseer esa alma […]? Que sea su marido el que… ¿QuerrÃa que yo me rebajara a su nivel?
¡Cuántas horas me he pasado conviviendo con una idea de usted! ¡Nos hemos amado tanto, dentro de mis sueños! Pero incluso asÃ, se lo juro, nunca me he soñado poseyéndola. Soy refinado y casto incluso en mis sueños. Respeto hasta la idea de una mujer bella.
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