Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Para quien hace del sueño su vida y del cultivo al abrigo de sus sensaciones una religión y una política, para ése, el primer paso, lo que acusa en el alma que ya dio el primer paso, es el sentir las cosas mínimas extraordinaria y desmedidamente. Éste es el primer paso y el paso simplemente primero nada más que consiste en eso. Saber poner en el paladear de una taza de té la voluptuosidad extrema que el hombre normal sólo puede hallar en las grandes alegrías que proceden de la ambición súbitamente satisfecha, de las nostalgias desaparecidas de repente, y de los actos finales y carnales de amor; poder encontrar en la visión de un ocaso o en la contemplación de un detalle decorativo aquella exasperación sensorial que en general sólo puede ofrecer, no lo que se ve o lo que se oye, sino lo que se huele o se paladea —esa proximidad al objeto que reside en las sensaciones carnales (el tacto, el gusto o el olfato) esculpen al encuentro de la conciencia; poder restituir de la visión interior, del olvido del sueño —todos los sentidos supuestos y de lo supuesto— receptores y tangibles como sentidos orientados hacia el exterior: escojo éstas y las análogas, se supone, de entre las sensaciones que el cultivador de su propio sentir logra, educado ya, convertir en espasmos, para que den una noción concreta y próxima de lo que quiero decir.