Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Sin embargo, llegar a este grado de sensación acarrea al amante de las sensaciones el correspondiente peso o gravamen físico de lo que siente, con idéntica exasperación consciente, lo que de doloroso expresa del exterior y a veces también del interior, sobre su momento de atención. Se constata así que sentir en exceso es a veces gozar en exceso y otras sufrir en demasía, y al constatarlo el soñador es empujado a dar un segundo paso en su ascensión hacia sí mismo. Dejo de lado el paso que él podrá dar o no y que, al poderlo o no dar, determinará una u otra actitud, sobre la marcha, de los pasos que va dando, según pueda o no aislarse de la vida real (si es rico o no, redunda en eso). Doy por comprendido en este entrelineado, que conforme el soñador pueda aislarse y darse a sí mismo, o no es, con mayor o menor intensidad deberá concentrarse enfermizamente en el funcionamiento de sus sensaciones sobre las cosas y los sueños. Quien ha de vivir entre los hombres, activamente o encontrándoselos —y es perfectamente posible reducir al mínimo la intimidad para con ellos (la intimidad y no el mero contacto con la gente, es lo que verdaderamente perjudica)— habrá de enfriar toda una superficie de convivencia para que todo el gesto fraternal y social le resbale y no entre en él o no se estampe en él. Parece mucho todo esto, pero es poco todavía. Los hombres son fáciles de apartar: basta con que no nos aproximemos a ellos. En fin, paso sobre este punto y sigo con la anterior explicación.