Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Tarde de verano ahà afuera cómo me gustarÃa ser otro… Abro la ventana. Todo es suave ahà afuera, pero me pincha como un dolor incierto, como una vaga sensación de descontento.
Una última cosa me punza, me rasga y me enfanga todo el alma. Y es que yo, a esta hora, en esta ventana, ante estas cosas tristes y suaves, deberÃa ser un personaje estético, bello, como el de un cuadro —pero no lo soy, no soy ni siquiera esto…
Y ahora que pase y olvide… Que llegue la noche, que crezca, que caiga sobre todo y jamás se levante. Que sea este alma mi tumba para siempre y que […] se absolutice en oscuridad y que nunca más logre vivir sin sentir o desear.
Siempre que tengo una sensación agradable en compañÃa de otros, les envidio la parte que ellos han tenido en esa sensación. Me parece una falta de pudor el que ellos sientan lo mismo que yo, que me invadiesen el alma a través del alma, sintiendo al unÃsono, con ellos.
El gran obstáculo del orgullo que para mà ofrece la contemplación de un paisaje es la dolorosa circunstancia de que, con toda certeza, ya alguien lo habrá contemplado con una intuición semejante.