Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Sigo el curso de mis sueños, haciendo de las imágenes peldaños para otras imágenes; desdoblando como un abanico las metáforas casuales en grandes cuadros de visiones interiores; desligo de mà la vida y la dejo a un lado como un traje que aprieta. Me oculto entre árboles, lejos de los caminos. Me pierdo. Y logro, momentáneamente, olvidarme del gusto por la vida, dejar marchar la luz y el bullicio y acabar de forma consciente y absurda con las sucesivas sensaciones, como un imperio de angustiosas ruinas, y una entrada entre pendones y tambores victoriosos en una gran ciudad final donde nada se llora, donde nada se desea y donde ni siquiera yo pedirÃa el ser.
Me duelen las superficies de los estanques que creé en sueños. Es mÃa la palidez de la luna que veo en los bosques. Es mi cansancio el otoño de los cielos quietos que recuerdo y nunca he visto. Me pesa toda esta vida muerta, todos los sueños que no tuve, todo lo mÃo que nunca fue mÃo, en el azul de mis cielos interiores, en el zumbar a la vista del correr de mis rÃos del alma, en el vasto e inquieto sosiego de los trigos sobre las planicies que veo y no veo.
Una taza de café. Un cigarro que se fuma y cuyo aroma nos atraviesa, los ojos casi cerrados en la penumbra del cuarto… no pido más a la vida que los sueños y esto… ¿Es poco? No lo sé. ¿Acaso sé lo que es mucho o lo que es poco?