Libro del desasosiego
Libro del desasosiego El conocimiento personal precisa ser también de libertad de contemplación, lo único que mi forma de amar desea. No podemos quedarnos a contemplar a quien ya conocemos personalmente.
Lo superfluo no es bueno para el artista pues, perturbándolo, disminuye el efecto.
Mi destino natural de contemplador indefinido y apasionado de las apariencias y de la manifestación de las cosas —objetivador de los sueños, amante visual de las formas y de los aspectos de la naturaleza […]
No es éste el caso que los psiquiatras denominan onanismo síquico, ni siquiera lo que llaman erotomanía. No fantaseo, como ocurre en el onanismo síquico; no me veo como amante carnal en los sueños, ni siquiera amigo de charla, de la criatura que observo y recuerdo: nada fantaseo sobre ella. Tampoco, como el erotómano, la idealizo y la transporto lejos de una esfera estética concreta; ni la quiero ni pienso en ella más allá de lo que me ofrece a los ojos y a la memoria directa y pura de lo que los ojos han visto.