Libro del desasosiego
Libro del desasosiego La desazón de no encontrar nada se topó conmigo poco a poco. No he encontrado razón ni lógica más que para un escepticismo que ni siquiera buscaba una lógica para defenderse. En defenderme de esto no he cavilado —¿por qué habría de defenderme? ¿Y qué significaba estar sano? ¿Qué seguridad podría tener yo de que tal estado del alma debe propiciarlo alguna enfermedad? ¿Quién puede afirmar que, de ser enfermedad, la enfermedad no es más deseable, o más lógica o más […] que la salud? Y de ser preferible la salud, ¿por qué razón estaba enfermo más que por serlo naturalmente?, y si lo era naturalmente ¿por qué ir contra la Naturaleza, que por alguna causa me quería enfermo, si es que ella tiene algún fin?
No he hallado otros argumentos que los de la inercia. Día tras día, muy poco a poco, se ha ido inoculando en mí la conciencia sombría de mi inercia como renunciador. Buscar modos de inercia, aprestarme a huir de todo esfuerzo mío, de toda responsabilidad social —he modelado en esa materia […] la estatua pensada de mi existir.