Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Hoy, en uno de esos momentos sin propósito ni dignidad que protagonizan gran parte de la sustancia espiritual de mi vida, me imaginé libre para siempre de la Rua dos Douradores, del patrón Vasques, del contable Moreira, de todos los empleados, del mozo, del muchacho y del gato. He sentido en sueños mi propia libertad, como si los Mares del Sur me brindaran islas maravillosas que descubrir. ObtendrÃa entonces el descanso, el arte conseguido, la conclusión intelectual de mi ser.
Sin embargo, de repente, en el propio imaginar lo que estarÃa haciendo en un café modesto durante el mediodÃa de un festivo modesto, una impresión de pesadumbre me perturbó el sueño: sentà que iba a tener pena. SÃ, lo diga como lo diga, iba a tener pena. Del patrón Vasques, del contable Moreira, del cajero Borges, de los buenos chavales, del muchacho alegre que lleva las cartas al correo, del mozo de carga, del gato cariñoso —y todo eso se convirtió en parte de mi vida; no podrÃa dejar todo aquello sin llorar, sin comprender que, por malo que pudiera parecerme, era una parte de mà la que quedaba con todos y que separarme de ellos era como quedarme en la mitad y eso se parecÃa a la muerte.
Si mañana me alejase de todos ellos y me despidiera de este trabajo en Rua dos Douradores, ¿qué otra cosa podrÃa hacer? —Porque algo tendrÃa que hacer—, ¿con qué otro traje me vestirÃa? —Porque de otro modo me habrÃa de vestir.