Libro del desasosiego
Libro del desasosiego ¡Aquietarse, dormir, sustituir esta consciencia fragmentaria por mejores cosas melancólicas dichas en secreto a un desconocido!… ¡Aquietarse, pasar rápido y de puntillas, flujo y reflujo de un mar vasto, en costas visibles en la noche en que se durmiese de verdad!… ¡Parar, ser anónimo y externo, movimiento de ramas en alamedas distantes, tenue caer de hojas percibido más por el ruido que por la caída, alta mar de surtidores lejanos, y todo lo desdibujado de los parques nocturnos, perdidos entre marañas continuas, laberintos naturales de oscuridad!… ¡Parar, acabar del todo con una supervivencia figurada, ser la página de un libro, la trenza de un cabello suelto, el oscilar de las buganvillas al pie de la ventana entreabierta, los pasos sin importancia sobre la grava de la curva, la última voluta de humo de la aldea que se adormece, el olvido del látigo del carretero a la vera matutina del camino…! El absurdo, la confusión, el apagamiento —todo lo que no fuese vida…
Y duermo a mi manera, sin sueño y sin descanso, esta vida vegetativa de suposiciones, y bajo mis párpados desasosegados oscila, como la espuma quieta de un mar sucio, el reflejo lejano de las farolas mudas de la calle.
Duermo y desduermo.