Libro del desasosiego
Libro del desasosiego El reloj que queda allá atrás en la casa desierta, mientras todos duermen, deja caer con lentitud el cuádruple y claro repique de las cuatro de la noche. Aún no me he dormido, ni espero hacerlo ya. Sin que nada me distraiga la atención, no pudiendo dormir por eso, pesándome en el cuerpo, y por esa razón no me tranquiliza, estoy acostado en la sombra, que el reflejo de las farolas de la calle vuelve aún más desamparada, el silencio amortiguado de mi extraño cuerpo. Ni puedo pensar de tanto sueño, ni puedo sentir del sueño que no consigo tener.
Todo a mi alrededor es un universo desnudo, abstracto, hecho de nocturnas negaciones. Me encuentro entre cansado e inquieto, y llego a tocar con la sensación del cuerpo un conocimiento metafísico del misterio de las cosas. A veces se me duerme el alma y entonces los pormenores informes de la vida cotidiana flotan sobre la superficie de la consciencia, y me veo saltando sobre la superficie del agua y sin poder dormir. Otras veces, despierto de la duermevela donde me he quedado bloqueado, e imágenes desvaídas, de un colorido poético e involuntario, dejan correr a través de mi desconcentración su espectáculo sin ruidos. No tengo los ojos enteramente cerrados. Una luz que viene de lejos me orla la vista perdida. Son las farolas municipales encendidas ahí abajo, en el final abandonado de la calle.