Libro del desasosiego
Libro del desasosiego En las paredes oscuramente visibles de mi cuarto, al entreabrir los ojos desde el falso sueño, volaban trozos de sueños a medio soñar, luces difusas, trazos negros, cosas sin importancia que trepaban y descendÃan. Los muebles, mayores que durante la jornada, manchaban vagamente el absurdo de la oscuridad. La puerta quedaba indicada por algo ni más blanco ni más oscuro que la noche, aunque diferente. En cuanto a la ventana, tan sólo yo la oÃa.
Nueva, fluida, incierta, la lluvia sonaba. Con ese ruido, los momentos tardaban. La soledad de mi alma se alargaba, se arrastraba, ocupaba todo lo que sentÃa o querÃa, o lo que me disponÃa a soñar. Los objetos, vagos participantes en la sombra de mi insomnio, pasaban a ocupar su sitio y su dolor en mi desolación.
El propio sueño me castiga. He adquirido en él tal lucidez, que veo como real cada cosa que sueño. Se ha perdido, por tanto, todo cuanto valoraba como soñado.
¿Me sueño famoso? Siento todo ese desprendimiento que hay en la gloria, toda la pérdida de intimidad y anonimato con que se vuelve dolorosa para nosotros.
El placer de elogiarnos a nosotros mismos…
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