Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Condillac comienza su célebre libro: «por más alto que subamos y más bajo que caigamos, nunca saldremos de nuestras sensaciones». Nunca desembarcaremos de nosotros mismos. Nunca llegaremos a otros, salvo que nos convirtamos en otros por la imaginación sensible de nosotros mismos. Los verdaderos paisajes son los que nosotros mismos creamos, porque así, siendo sus dioses, los vemos como son verdaderamente, que es como fueron creados. No es ninguna de las siete partes del mundo la que me interesa y puedo ver de verdad; la octava es la que recorro y es mía.
Quien ha cruzado todos los mares sólo ha cruzado la monotonía de sí mismo. Yo crucé más mares que nadie. Yo he visto más montañas que las que hay en la tierra. He paseado por más ciudades de las que existen y los grandes ríos de ninguno de los mundos fluyeron, absolutos, bajo mis ojos contemplativos. Si viajase sólo encontraría un pobre remedo de lo que ya he visto sin viajar.
Los países que otros visitan, nos visitan anónimos y peregrinos. En los países que he visitado he sido, no sólo el placer escondido del viajero desconocido, sino la majestad del Rey que allí reina y el pueblo cuyas costumbres se imponen, y la historia entera de aquella nación y de las otras. Los propios paisajes, las mismas casas las he visto porque fui ellas, alzadas en Dios con la sustancia de mi imaginación.