Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Y ahora ya, consciente del saber mirar, observo la vasta metafísica objetiva de los cielos con una seguridad que me dan ganas de morir cantando. «¡Soy del tamaño de lo que veo!». Y el vago reflejo de la luna, enteramente mío, comienza a difuminar el azul parduzco del horizonte.
Quisiera alzar los brazos y gritar cosas de un salvajismo incomprensible, pronunciar palabras a los altos misterios, afirmar una nueva personalidad abierta a los grandes espacios de la materia vacía.
Pero me vengo abajo, me ablando. «¡Soy del tamaño de lo que veo!». Y la frase se queda en mí siendo el alma entera, y apoyo contra ella todas las emociones que siento, y sobre mí, por dentro, como sobre la ciudad por fuera, cae la paz indescifrable del duro reflejo de la luna que comienza a abrirse con el anochecer.