Libro del desasosiego
Libro del desasosiego El milagro es la pereza de Dios o, mejor, la pereza que Le atribuimos, inventándonos el milagro.
Los dioses son la viva encarnación de lo que jamás podremos ser.
El cansancio de todas las hipótesis…
Ya me cansa la calle, pero no, no me cansa —todo es calle en la vida—. Hay una taberna justo enfrente, que veo si miro por encima de mi hombro derecho; los cajones de enfrente, que veo sólo si miro por encima del hombro izquierdo; en el medio, que sólo veo si me vuelvo del todo, el zapatero llena de ruido regular el portal de la oficina de la Compañía Africana. Los otros pisos son indiferentes. En el tercero hay una pensión, dicen que inmoral, pero eso es como todo, la vida.
¿Cansarme la calle? Sólo me canso cuando pienso. Cuando miro la calle o la siento, no pienso: trabajo con un gran reposo íntimo, último en aquel rincón, escrituralmente nadie. No tengo alma, nadie la tiene —todo es trabajo en la casa grande. Donde los millonarios disfrutan, siempre en sus extranjeros, también hay trabajo y tampoco allí hay alma—. Queda en todo esto uno u otro poeta. ¡Ojalá quedará una frase mía, algo de lo que se pudiera decir, ¡coño, bien hecho!, como estos números que voy escribiendo, copiándolos en el libro de mi vida entera!