Libro del desasosiego
Libro del desasosiego La miseria de mi condición no es obstaculizada por las palabras entreveradas con que construyo muy poco a poco, mi libro casual y meditado. Sobrevivo insignificante en el fondo de toda la expresión, como un poso insoluble en el fondo del vaso donde se ha bebido sólo agua. Escribo mi literatura como escribo mi contabilidad —con cuidado e indiferencia. Ante el vasto cielo estrellado y el enigma de muchas almas, la noche del abismo desconocido y el caos de no comprender nada de nada— todo esto que escribo en el libro auxiliar de cuentas y lo que escribo en este papel del alma, son asuntos igualmente restringidos a la Rua dos Douradores, y muy poco sobre los grandes espacios millonarios del universo.
Todo esto es sueño y fantasmagoría y de poco vale que el sueño sea contabilidad o buena prosa. ¿Por qué vale más soñar con princesas, que soñar con la puerta de entrada de la oficina? Todo lo que sabemos no es más que una impresión nuestra y todo lo que somos es una impresión ajena, melodrama nuestro, que al sentirnos, nos convierte en nuestros propios y activos espectadores, dioses nuestros con permiso municipal.