Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Todas esas cosas desagradables que nos suceden en la vida —papeles ridÃculos que representamos, malos gestos, lapsus de todas las virtudes donde vamos a caer— deben ser consideradas como meros accidentes postizos, inútiles para lograr la sustancia del alma. Considerémoslos como dolores de muelas, callos, cosas de la vida, que nos incomodan, que no son postizas aunque son nuestras o que sólo deben afectar a nuestra existencia orgánica o preocuparse por lo que hubiera de vital en nosotros.
Cuando alcanzamos esa actitud que es, por otra parte, la de los mÃsticos, estamos defendidos no sólo del mundo, sino de nosotros mismos, pues vencemos lo que en nosotros es postizo, otro, contrario a nosotros y, por tanto, nuestro enemigo.
De ahà que Horacio, cuando habla del varón justo, afirme que se quedarÃa impávido aunque en torno a él se hundiera el mundo. La imagen es absurda, pero ecuánime su sentido. Aunque a nuestro alrededor se desmorone lo que fingimos ser, aun coexistiendo con ello, deberÃamos quedarnos impávidos —y no porque seamos justos, sino porque somos nosotros y ser nosotros nada tiene que ver con tales cosas externas que se desmoronan, aunque sea sobre lo que representamos para ellas.
La vida debe ser, para los mejores, un sueño que rechaza la disputa.
