Libro del desasosiego
Libro del desasosiego No acepto, decía, ni el criterio del relojero imperfecto ni el del relojero sin benevolencia. No acepto el criterio del relojero imperfecto porque aquellos pormenores del gobierno y justicia del mundo que nos parecen lapsus o sinrazones, no pueden ser verdaderamente entendidos sin que sepamos el plan. Vemos claramente un plan en todo; vemos ciertas cosas que nos parecen carentes de razón, pero habrá que ponderar que si en todo debe haber una razón, habrá en éstas tanta razón como la hay en todo. Vemos la razón, pero no así el plan. Cómo decir, entonces, que ciertas cosas quedan fuera del plan pero sin saber cuál es ese plan. Es como cuando un poeta de ritmos sutiles decide intercalar un verso arrítmico con un fin rítmico, es decir, para el mismo fin del que parece apartarse, y el crítico, más purista de la medida que del ritmo, dice que ese verso está mal, de la misma forma el Creador puede intercalar lo que nuestra estrecha [¿razón?] considera arrítmico en el discurso majestuoso de su ritmo metafísico.