Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Nunca he acabado de entender que quien una vez consideró este gran hecho de la relojería universal, pudiese negar al mismo relojero del que ni el mismísimo Voltaire descreyó. Comprendo que observando ciertos efectos en apariencia alejados de un plan (y es necesario comprender el plan para saber si se desviaron o no), se atribuya a esa inteligencia suprema algún elemento de imperfección. Eso puedo comprenderlo, si bien no lo acepto. Comprendo incluso que observando los males del mundo, no se pueda aceptar la bondad infinita de esa inteligencia creadora. Comprendo eso, aunque tampoco acabe por aceptarlo. Pero que se niegue la existencia de esa inteligencia creadora, es decir, de Dios, es algo que me parece de las mayores estupideces que tanto afligen en un punto de la inteligencia a hombres, que en todo lo demás pudieran ser superiores; como quien se equivoca siempre en las sumas o incluso, poniendo ya en juego la inteligencia de la sensibilidad, los que no sienten la música o la pintura o la poesía.