Libro del desasosiego
Libro del desasosiego La filosofía práctica de Khayyam se reduce, pues, a un suave epicureísmo, difuminado hasta el mínimo deseo de placer. Le basta con ver rosas y beber vino. En una brisa leve, en una conversación sin propósito ni intuición, en un vaso de vino y flores y sólo en eso, nada más que en eso, pone el sabio persa su máximo deseo. El amor agita y cansa, la acción dispersa y falla. Nadie sabe saber y pensar lo enreda todo. Más vale anular en nosotros el desear o el esperar, que el tener la fútil pretensión de explicar el mundo, o el estulto propósito de enmendarlo o gobernarlo. Todo es nada, o como se dice en la Antología Griega, «todo procede de la sinrazón» y es un griego, es decir, un racional, quien lo dice.
Permaneceremos indiferentes a la verdad o mentira de todas las religiones, de todas las filosofías, de todas las hipótesis inútilmente verificables a que llamamos ciencias. Muy poco nos preocupará el destino de la llamada humanidad, de lo que sufra o no sufra en su conjunto. Caridad, sí, para con el «prójimo», como se dice en el Evangelio, pero no con el hombre, del que no se habla. Y todos somos así hasta cierto punto: ¿qué desconsuelo produce al mejor de nosotros una masacre en China? Sin embargo nos duele, mucho más de lo que pudiéramos imaginar, la bofetada que hemos visto dar injustamente en plena calle a un niño.