Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Caridad para con todos, intimidad con ninguno. Así es como interpreta Fitzgerald en un pasaje de su nota, la ética de Khayyam.
Recomienda el Evangelio el amor al prójimo: nada dice del amor a la humanidad o del amor al hombre, del que verdaderamente nadie puede curar.
Se preguntarán si es que hago mía la filosofía de Khayyam, tal como aquí, creo que con justicia, lo he escrito de nuevo e interpreto. Responderé que no lo sé. Hay días en que ésa me parece la mejor, si no la única, de todas las filosofías prácticas. Sin embargo, hay otros días en que me parece muerta, inútil, como un vaso vacío. No me conozco porque pienso. No sé, por tanto, lo que pienso verdaderamente. Si tuviese fe no sería así; pero tampoco sería así si estuviese loco. La verdad es que, de ser otro, sería otro.
Más allá de estas cosas del mundo profano, están, es cierto, las lecciones secretas de las órdenes iniciáticas, los misterios declarados como secretos, o velados en tanto que figuran como ritos públicos. Está lo que queda oculto o semioculto en los grandes ritos católicos, ya sea en el Ritual de María en la Iglesia Romana, ya sea en la Ceremonia del Espíritu en la Francmasonería.