Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Pero ¿quién nos dice que al final el iniciado, cuando al fin penetra los misterios, no es sino una avara presa de nuestra nueva cara de la ilusión? ¿Cómo es su certeza, si más firme que la suya es la de un loco a cuenta de su locura? Decía Spencer que lo que sabemos es una esfera que, cuanto más se ensancha, más puntos de contacto mantiene con lo que no sabemos, y no me olvido, en este capítulo de lo que las iniciaciones pueden mostrar, de las palabras terribles de un Maestro de la Magia: «Ya he visto a Isis», dice, «ya he tocado a Isis y sin embargo aún no sé si existe».
El poeta persa Maestro del desconsuelo y de la desilusión.
Omar tenía una personalidad; yo, feliz o desgraciadamente, no tengo ninguna. De lo que soy en un momento, al siguiente me aparto. De lo que he sido un día, al día siguiente me he olvidado. Quien, como Omar, es quien es, vive en un único mundo externo, pero quien, como yo, no es quien es, vive en un sucesivo y diverso mundo interno. Su filosofía, aunque hubiera querido ser la misma que la de Omar, no podría serlo de ninguna manera. Así, sin que yo lo quiera de verdad, viajan conmigo como si fuesen almas, las filosofías que he criticado. Omar podía refutarlas todas, por ser ajenas a él, pero yo no las puedo refutar, porque son yo.