Libro del desasosiego
Libro del desasosiego ¡Oh, grandes montes del crepúsculo, calles estrechísimas al anochecer, tened vuestra inconsciencia de la […] vuestra espiritualidad en lo que concierne a la Materia, sin interior, sin sensibilidad, sin nada donde poner sentimientos, pensamientos o desasosiegos espirituales. Árboles que sois apenas árboles, con un verdor tan agradable a los ojos, tan alejados de mis intereses y mis penas, tan reconfortantes para mis angustias, pues no tenéis ojos para observarme ni alma que, observándome por esos mismos ojos, pueda no comprenderlas y burlarse de ellas. Piedras del camino, talados troncos, mera tierra anónima del suelo, hermana mía, vuestra insensibilidad hacia mi alma es a la vez cariño y descanso… […] Conjunto al sol o bajo la luna de La Tierra, madre mía, tan enternecidamente madre mía, porque no puedes criticarme aunque lo quieras, como lo puede hacer mi propia madre humana, pues no tienes alma con que analizarme, ni rápidas miradas que te traigan el pensamiento mío que ni a ti misma confieses. Mar enorme, ruidoso compañero de la infancia, que me tranquilizas y me acunas, pues tu voz no es humana y no puedes expresar en voz baja a los oídos humanos mis flaquezas e imperfecciones. Cielo inmenso, cielo azul, cielo próximo al misterio de los ángeles […] tú no me miras con ojos verdes, y si te pones el sol en el pecho, no es para atraerme ni para […] de estrellas y antifaces para desdeñarme… Paz universal la de la Naturaleza, materna en su ignorancia de mí; sosiego ajeno a los átomos y a los sistemas, tan hermano en tu ignorancia de mí… Yo quisiera rezar en favor de vuestra unidad y vuestra quietud, como muestra de agradecimiento por poderos amar sin sospechas ni dudas; querría poner oídos a vuestra sordera pero vosotros siempre estáis oyéndonos, prestar ojos a vuestra sublime ceguera y así ser objeto de vuestras atenciones por esos supuestos ojos y oídos, consolado de formar parte de vuestra Nada, atento, como de una muerte definitiva, para luego, sin más esperanza de otra vida, más allá de Dios y de la posibilidad de ser voluptuosamente nada y del color espiritual de la materia…