Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Muchas veces me ha sucedido el querer atravesar el río, estos diez minutos entre Terreiro do Paço y Cacilhas y casi siempre me ganó la timidez frente a tanta gente, de mí mismo y de mi propósito. He ido una y otra vez, siempre con la misma opresión, siempre poniendo el pie en tierra sólo cuando ya estaba de regreso.
Cuando uno se siente demasiado, el Tajo es el Atlántico innúmero, y Cacilhas, otro continente, si me apuras, otro universo.
El único viajero con alma verdadera que he conocido era un muchachote de oficina que había en otra empresa, donde trabajé en tiempos. Este muchacho coleccionaba folletos con propaganda de ciudades, países y compañías de transporte; tenía mapas —unos arrancados directamente del periódico, otros que iba pidiendo aquí y allá—, recortes de revistas y periódicos, fotos de paisajes, grabados de costumbres exóticas, retratos de barcos y navíos. Se pasaba por las agencias de turismo en nombre de una supuesta oficina o tal vez de alguna existente, posiblemente la misma donde trabajaba, y pedía folletos de viajes para Italia, folletos para la India, folletos donde se registraban las conexiones entre Portugal y Australia.