Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Me pregunto entonces qué será eso a lo que llamamos muerte. No quiero referirme al misterio de la muerte, que no consigo penetrar, sino a la sensación física de dejar de vivir. La humanidad tiene miedo de la muerte, pero sin saber por qué. El hombre corriente se bate bien en el asunto, el hombre normal, enfermo o viejo, raras veces mira con horror el abismo de la nada que atribuye a ese mismo abismo. Todo eso es falta de imaginación. No hay nada peor que pensar que la muerte es un sueño. ¿Por qué ha de serlo, si la muerte no se parece a un sueño? Lo esencial del sueño es despertar de él, y de la muerte, creo, nadie despierta. Y si la muerte se parece a un sueño, deberíamos saber que se despierta de ella. No es eso, sin embargo, lo que el hombre corriente se figura: se figura su muerte como el sueño del que no despertará, lo cual no quiere decir nada. La muerte, decía, no se parece al sueño, pues en el sueño se está vivo y durmiendo; no comprendo cómo alguien puede asociar la muerte a algo, pues no puede tener experiencia de ella, ni nada con qué compararla.
A mí, cuando veo a un muerto, la muerte me parece una partida. El cadáver me da la impresión de un traje que se ha dejado olvidado. Alguien se ha ido y no ha necesitado llevarse aquel traje único que siempre lo ha vestido.
No toquemos la vida ni siquiera con la punta de los dedos.