Libro del desasosiego
Libro del desasosiego La esclavitud es la ley de la vida, y no existe más ley que ésa, porque tiene que cumplirse, sin rebelión posible y sin refugio que hallar. Unos nacen ya esclavos, otros se hacen esclavos, a otros la esclavitud les viene impuesta. El cobarde amor que todos tenemos a la libertad —que en caso de tenerla, nos sorprendería por nueva, y la acabaríamos rechazando—, es la verdadera señal del peso de nuestra esclavitud. Yo mismo, que acabo de decir que desearía la choza o la cueva donde hallarme libre de la monotonía de todo, que es la mía, ¿partiría hacia esa choza o cueva, sabiendo como sé, que la monotonía viene de mí mismo, y siempre habría de venir conmigo? Yo mismo, que me ahogo en el lugar donde estoy, porque estoy en él, ¿dónde respiraría mejor, si la enfermedad está en los pulmones y no en el aire que me rodea? A mí, que tanto ansío el sol puro y los campos libres, el mar visible y el horizonte abierto, ¿quién me asegura que no extrañaría la cama o la comida, el no tener que bajar los ocho tramos de escaleras hasta la calle, o el no entrar en el estanco de la esquina, o el no cambiar los buenos días con el barbero ocioso?