Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Me hallo en uno de esos dÃas en que me pesa la monotonÃa de todo, como si estuviera ante la entrada de una cárcel. La monotonÃa de todo no es, sin embargo, más que la monotonÃa de mà mismo. Cada rostro, aunque sea el mismo que vimos ayer, hoy es otro, puesto que hoy no es ayer. Cada dÃa es el que es, y nunca hubo otro igual en mundo. Sólo en nuestra alma habita la identidad —la identidad sentida, aunque falsa consigo misma—, por la cual todo se parece y se simplifica. El mundo está hecho de cosas acentuadas, de aristas diferentes, pero como somos miopes, todo es una niebla insuficiente y continua.
Mi deseo es huir. Huir hacia lo que conozco, huir a lo que es mÃo, huir a lo que amo. Deseo partir —no hacia Las Indias Imposibles o hacia las grandes islas del Sur de todo, sino hacia un lugar cualquiera —aldea o desierto— que reúna en sà el no ser este sitio. No quiero volver a ver estos rostros, estos hábitos, estos dÃas. Quiero descansar, ajeno a mi fingimiento orgánico. Quiero sentir que el sueño llega como la vida, y no como un descanso. Una choza a orillas del mar, una cueva incluso, en la escarpadura de una peña, puede ofrecerme esto. Por desgracia, sólo mi voluntad puede negármelo.
