Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Decir la verdad, encontrar lo esperado, negar la ilusión de todo —¡cuántos lo usan en la jubilación o en el declive y cómo los nombres ilustres manchan de mayúsculas, tal las tierras de los mapas, las sutilezas de las páginas sobrias y leídas!
¡Cosmorama de pasar mañana lo que jamás hubiera sucedido! Lapislázuli de las emociones discontinuas. ¿Cuánta memoria alberga una suposición ya hecha, te acuerdas, visión sola? Y en un delirio entresacado de certezas, leve, breve, suave el murmullo del agua de todos los parques, nace, emoción, del fondo de mi auto-consciencia. Sin nadie, los bancos antiguos y las alamedas, arrastran hacia donde ellos están su melancolía de callejuelas vacías.
¡Noche en Heliópolis! ¡Noche en Heliópolis! ¡Noche en Heliópolis! ¿Quien pronuncie las palabras inútiles, me compensará de la sangre y de la indecisión?
Luego de que el fin de los astros ha blanqueado sin causa alguna el cielo mañanero y la brisa se volvió menos fría en el amarillo mal anaranjado de la luz sobre las pocas nubes bajas, he podido, en fin, yo, que no dormía, incorporar lentamente el cuerpo fatigado sin causa de la cama donde he estado cavilando el universo.