Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Llegué a la ventana con los ojos ardientes de no haber estado cerrados. Por sobre los tejados densos, la luz trazaba matices en el amarillo pálido. Me quedé a contemplar todo aquello con la estupidez del insomnio. En los bultos erguidos de los altos edificios, el amarillo era aéreo y vacío. Al fondo del poniente, hacia donde yo miraba, el horizonte era ya de un blanco verdoso.
Sé que el día para mí va a ser pesado como no comprender nada. Sé que cuanto haga hoy, va a participar, no del cansancio del sueño que no he tenido, sino del insomnio que sí me pudo. Sé que viviré un sonambulismo más acentuado, epidérmico, no sólo de no dormir, sino de no poder dormir.
Hay días que son filosofías, que nos insinúan interpretaciones de la vida, que son notas marginales, cargadas de críticas, en el libro de nuestro destino universal. Éste es uno de esos días. Me parece, y es absurdo, que con mis ojos pesados y mi cerebro vacío, lápiz absurdo, se van trazando las letras del comentario inútil y hondo.