Libro del desasosiego
Libro del desasosiego He asistido, sin saberlo, al desfallecimiento gradual de mi vida, a la zozobra lenta de todo cuanto quise ser. Puedo afirmar con aquella verdad que no necesita de flores para saber que ha muerto, que no hay nada que yo haya querido, o en lo que haya puesto el sueño de un solo momento, aunque fuera por ese solo momento, que no se me haya convertido en polvo bajo la ventana como el jarrón de piedra caído desde el piso de arriba. Me parece, incluso, que el Destino siempre se las ha ingeniado para hacerme desear lo que él mismo había dispuesto, para que al día siguiente supiese que no lo tendría.
Espectador irónico de mí mismo, nunca, sin embargo, me he desanimado de asistir a la vida. Y desde que hoy sé, anticipándome a toda esperanza, que la vida habrá de ser un desengaño, sufro el gozo especial de gozar la desilusión como una esperanza, como algo agridulce que se vuelve dulce dulce contra lo amargo. Soy un estratega sombrío que, habiendo perdido todas las batallas, traza ya en sus planos, disfrutándolos, los pormenores de su fatal retirada, en la víspera de la batalla.