Libro del desasosiego
Libro del desasosiego —Como yo nunca hablo con niños, creo en su instinto artÃstico… Sabe, mientras le estoy hablando, estoy queriendo penetrar el Ãntimo sentido de esas cosas que me estaba diciendo… ¿Me perdona?
—No del todo… Nunca se han de descubrir los sentimientos que los demás fingen tener. Siempre son demasiado personales… Créame que me duele estar haciéndole ahora estas confesiones Ãntimas, que, si bien son todas falsas, representan verdaderos harapos de mi pobre alma… Crea que en el fondo, lo que hay en nosotros de doloroso es lo que no somos en realidad y nuestras mayores tragedias corresponden a la idea que tenemos de nosotros mismos.
—Eso es tan verdadero… ¿para qué repetirlo entonces? Me ha hecho daño. ¿Por qué llevar la conversación a su constante irrealidad? Asà es ya casi una conversación plausible, desde una mesa de té, entre una mujer hermosa y un fantaseador de sensaciones.
—SÃ, sÃ… Y quiero pedirle perdón ahora mismo… Pero fÃjese que yo estaba distraÃda y no me dà cuenta de que habÃa dicho una cosa bien dicha… Cambiemos de asunto… ¡Qué tarde es siempre! No se soliviante otra vez… Observe que esta frase mÃa no tiene realmente ningún sentido…