Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Muchos han definido al hombre y en general lo han definido comparándolo con los animales. Por eso, en las definiciones del hombre es frecuente el uso de la frase «el hombre es un animal…» y un adjetivo, o «el hombre es un animal que…» y se añade el qué. «El hombre es un animal enfermo», dice Rousseau y en parte es verdad. «El hombre es un animal racional» dice la Iglesia, y en parte es verdad. «El hombre es un animal que usa herramientas» dice Carlyle y en parte es verdad. Pero estas definiciones y otras de igual cariz son imperfectas y laterales. Y la razón es muy simple: no es fácil distinguir al hombre de los animales, ni hay criterio seguro para distinguir al hombre de los animales. Las vidas humanas transcurren en la misma íntima inconsciencia que las de los animales. Las mismas leyes profundas que rigen desde fuera los instintos de los animales, rigen también desde fuera la inteligencia del hombre, que parece ser más bien un instinto en formación, tan inconsciente como todo instinto, menos perfecto por el hecho de no haber sido aún formado.