Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Y como el pensamiento, cuando alberga la emoción, se vuelve más exigente que ella, el régimen de consciencia en que llegué a vivir lo que sentía, se ha vuelto más cotidiana, más epidérmica, más titilante la manera de sentir.
Me he creado eco y abismo, pensando. Me he multiplicado al ahondarme. El más pequeño episodio —una alteración saliendo de la luz, el tranquilo rizo de una hoja seca, el pétalo que cae amarillento, la voz del otro lado del muro o los pasos de quien habla y de quien debe escuchar, el portón abierto de la vieja hacienda, el patio que se abre con un arco a las casas amontonadas ante la luna— todas estas cosas, que no me pertenecen, me atan a la meditación sensible con lazos de resonancia y de nostalgia. En cada una de esas sensaciones soy otro y me renuevo dolorosamente en cada impresión indefinida.
Vivo de impresiones que no me pertenecen, perdulario de renuncias, otro en la forma mía de ser.