Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Jamás he querido a nadie. Lo más que he amado son sensaciones mÃas —estados de visualidad consciente, impresiones de audición despierta, perfúmenes que son parte de la humildad del mundo exterior que me habla, diciéndome cosas del pasado (tan fáciles de recordar a través del olor), es decir, que me ofrecen más realidad, más emoción que el simple pan que se cuece allá dentro de la honda panaderÃa, como en aquella tarde ya lejana en que volvÃa del entierro de mi tÃo que tanto me habÃa querido, y sentÃa en mà la vaga ternura de un alivio, no sé muy bien de qué.
Ésta es mi moral, mi metafÃsica o yo: transeúnte de todo —hasta de mi propia alma—, a nada pertenezco, no deseo nada, no soy nada —centro abstracto de sensaciones impersonales, espejo caÃdo y sensible, vuelto hacia la diversidad del mundo. De modo que no sé si soy feliz asÃ, pero tampoco me importa.
En mà ha sido siempre menor la intensidad de las sensaciones, que la intensidad de su conciencia. He sufrido más con la conciencia de estar sufriendo, que con el sufrimiento de tener tal conciencia.
La vida de mis emociones cambió, desde el origen a las salas del pensamiento y allà he vivido siempre más ampliamente el conocimiento emotivo de la vida.
